Una vez más, el fantasma del América de Cali se paseó por el camino del Junior de Barranquilla, dejando una estela de frustración y preocupación. La derrota de ayer, un amargo 2-1 en Palmira, no es solo un tropiezo más ante el mismo rival; es el reflejo de una crisis profunda y persistente que se ha instalado en el equipo. Y lo peor, la historia se repite en un tiburón que se perdió en el mar… y Arias no sabe nadar.
No importa dónde se juegue, en Cali, en Barranquilla, en Palmira; no importa la competición, en Copa, en Liga, en Sudamericana; no importa el momento, en cuartos de final, en semifinal, en finales, en el todos contra todos; no importa la hora o el clima, de día, de noche, con sol, con lluvia. Incluso, da igual el estado anímico o físico: estando bien, estando mal, o si se juega con titulares o con suplentes. El resultado, ante el América, parece ser una constante dolorosa para el hincha tiburón: la derrota o, en el mejor de los casos, la agonía.
Estos dos últimos meses del equipo son sencillamente, horrorosos en calidad de fútbol, pese a la clasificación asegurada en los cuadrangulares. Junior ha entrado en una espiral de resultados negativos y, lo que es más grave, de un fútbol que no convence.
La cancha para Junior se ha convertido en un escenario donde la identidad y la propuesta brillan por su ausencia. Hay jugadores cuyos niveles son malos, pero malos, y que no logran aportar la calidad que se espera en un club con la chequera y la historia de Junior.
Lo que más preocupa de esta situación no es solo el bajo rendimiento de la plantilla, sino la fe ciega que dice el verso de cada rueda de prensa de DT. El técnico, al parecer, está maniatado o se niega a ver la realidad.
El América, por ejemplo, sabía de memoria cómo hacerle daño al Junior, y la falta de prevención fue evidente. La jugada del gol, gestada tras el saque rápido de Soto, es la prueba de que Arias no se nutre de la mejor información para evitar las estrategias rivales y el ordenamiento del equipo después de anotar es precario.
Con Jermein Peña con una nueva recaída médica y un panorama cada vez más gris, es hora de que la dirigencia y el cuerpo técnico piensen que todo esto del Junior, no se trata de un simple bache, sino de una estructura futbolística que se cae a pedazos y que un técnico no midió el cuidar a un jugador que ha recaído en lesiones y exponerlo en un terreno de juego, fue grave error.
El Junior necesita una reacción inmediata, no solo en resultados, sino en la propuesta de juego, antes de que se convierta en una tragedia sin remedio al final del campeonato y un nuevo fracaso en cuadrangulares.

