El Junior de Barranquilla no solo jugó una final en el Metropolitano, sino que le entregó a su hinchada un recital de autoridad que se sintió como un flechazo directo al corazón. Bajo el calor asfixiante de la pasión rojiblanca que abarrotó todas las tribunas, el equipo de Alfredo Arias dio un golpe de mano contundente, demostrando con jerarquía como se juega una final al vencer 3-0 al Deportes Tolima en la ida de la liga.
Fue una noche de esas que no se van a olvidar jamás, donde el ‘Metro’ exhibió lo que pesa la hinchada barranquillera desde la tribuna, transformando ese envión anímico luego en una obra de arte por un José Enamorado que, haciendo honor a su apellido, empezó a conquistar como novio a su novia, a la undécima estrella.
El libreto de Arias para esta final fue notable, salir a presionar, marcar temprano y luego ceder un poco el balón con la paciencia de quien invita al rival a caer en su propia trampa.
José Enamorado fue el gran protagonista de esta función, firmando un doblete y dejando a la defensa Pijao en el camino con una facilidad asombrosa. Junto a él, Castrillón también inscribió su nombre en la cuenta, sentenciando un primer tiempo donde el Tiburón olió la sangre y atacó con la precisión de quien sabe que en estas instancias no se puede perdonar.
Estos jugadores, como tiburones que son capaces de detectar una pequeña cantidad de sangre en el agua, detectaron el nerviosismo del Tolima, pero con la ayuda de una corriente de agua que lleve esas moléculas a sus fosas nasales, en este caso la hinchada rojiblanca, y así, pudo comerse en 45 minutos a su presa.
Fue una superioridad absoluta que dejó sin respuestas a un Tolima que llegó invicto y terminó desconcertado ante la mística de las finales barranquilleras.
En medio del despliegue físico de los jóvenes, emergió la figura mística del ídolo Teófilo Gutiérrez, el “viejo zorro” que sabe jugar finales. Lo que Teo ya no puede ofrecer con su condición física, lo compensa con una experiencia y malicia que resultan determinantes al igual que sus precisos pases en cada partido. Teo utilizó el más mínimo recurso para hacer más grande al Junior en esta final, olfateando la debilidad del rival, y en el momento justo, provocar la expulsión de Sebastián Guzmán.
El equilibrio en la mitad del campo fue fundamental, con un Didier Moreno, respaldado por Chará y Rivas, quienes entendieron el juego a la perfección. Retrocedieron con criterio a recuperar la pelota, ocuparon espacios y lanzaron balones precisos a la espalda de un Tolima que no encontró brújula pese a las estadísticas que en la previa tenía el rotulo de invicto y mejor visitante.
La final no está sentenciada, pero Junior dio un gran paso para la undécima estrella. El hincha ha aprendido hace mucho lo sufrido que son las finales de vuelta con Junior, por eso se debe ir paso a paso por los noventas minutos restantes en Ibagué, donde el Tolima está obligado a una remontada, mientras el tiburón sabe que para la gloria completa se requiere un último esfuerzo y así, el martes cenar lechona tolimense disfrazado de marimonda.El Junior de Barranquilla no solo jugó una final en el Metropolitano, sino que le entregó a su hinchada un recital de autoridad que se sintió como un flechazo directo al corazón. Bajo el calor asfixiante de la pasión rojiblanca que abarrotó todas las tribunas, el equipo de Alfredo Arias dio un golpe de mano contundente, demostrando con jerarquía como se juega una final al vencer 3-0 al Deportes Tolima en la ida de la liga.
Fue una noche de esas que no se van a olvidar jamás, donde el ‘Metro’ exhibió lo que pesa la hinchada Barranquillera desde la tribuna, transformado ese envión anímico luego en una obra de arte por un José Enamorado que, haciendo honor a su apellido, empezó a conquistar como novio a su novia, a la undécima estrella.
El libreto de Arias para esta final fue notable, salir a presionar, marcar temprano y luego ceder un poco el balón con la paciencia de quien invita al rival a caer en su propia trampa.
José Enamorado fue el gran protagonista de esta función, firmando un doblete y dejando a la defensa Pijao en el camino con una facilidad asombrosa. Junto a él, Castrillón también inscribió su nombre en la cuenta, sentenciando un primer tiempo donde el Tiburón olió la sangre y atacó con la precisión de quien sabe que en estas instancias no se puede perdonar.
Estos jugadores, como tiburones que son capaces de detectar una pequeña cantidad de sangre en el agua, detectaron el nerviosismo del Tolima, pero con la ayuda de una corriente de agua que lleve esas moléculas a sus fosas nasales, en este caso la hinchada rojiblanca, y así, pudo comerse en 45 minutos a su presa.
Fue una superioridad absoluta que dejó sin respuestas a un Tolima que llegó invicto y terminó desconcertado ante la mística de las finales barranquilleras.
En medio del despliegue físico de los jóvenes, emergió la figura mística del ídolo Teófilo Gutiérrez, el “viejo zorro” que sabe jugar finales. Lo que Teo ya no puede ofrecer con su condición física, lo compensa con una experiencia y malicia que resultan determinantes al igual que sus precisos pases en cada partido. Teo utilizó el más mínimo recurso para hacer más grande al Junior en esta final, olfateando la debilidad del rival, y en el momento justo, provocar la expulsión de Sebastián Guzmán.
El equilibrio en la mitad del campo fue fundamental, con un Didier Moreno, respaldado por Chará y Rivas, quienes entendieron el juego a la perfección. Retrocedieron con criterio a recuperar la pelota, ocuparon espacios y lanzaron balones precisos a la espalda de un Tolima que no encontró brújula pese a las estadísticas que en la previa tenía el rotulo de invicto y mejor visitante.
La final no está sentenciada, pero Junior dio un gran paso para la undécima estrella. El hincha ha aprendido hace mucho lo sufrido que son las finales de vuelta con Junior, por eso se debe ir paso a paso por los noventas minutos restantes en Ibagué, donde el Tolima está obligado a una remontada, mientras el tiburón sabe que para la gloria completa se requiere un último esfuerzo y así, el martes cenar lechona tolimense disfrazado de marimonda.

