En Barranquilla, el final de cada semestre se ha convertido en un guion repetitivo donde el fútbol se mezcla con la ficción. Apenas se baja el telón del torneo, comienza esa película que todos conocemos con una danza frenética de nombres y el debate de quienes vienen y quienes se van del club en cada esquina de barrio; algunas veces se arman novelas que parecen sacadas de la televisión.
En estas fechas, el humo que se perciba en las calles de la ciudad no es solo el de los tiros de mecha, los volcanes o el traki-traki de las celebraciones decembrinas; es ese humo mediático de fichajes y rumores que alimenta la ansiedad del hincha.
Mientras la fanaticada todavía celebra una estrella que reafirma nuestro lugar en la historia, al ambiente llegan especulaciones de fichajes, renovaciones, salidas y una Libertadores que asoma como examen mayor para el próximo año.
Cuando eres el campeón, se asume la exigencia de un equipo que no solo defienda su sitio en el trono local, sino que dé el salto de calidad internacional que la hinchada le reclama, obligando a reinventarse sin perder la esencia que lo llevó a lo más alto del fútbol colombiano en esta clausura 2025.
La resaca de la undécima todavía se siente en cada esquina de Barranquilla, sin embargo, el camino hacia el próximo año tiene sus espinas. La planificación obliga a tomar decisiones quirúrgicas porque el cupo de 25 jugadores para 2026 no permite errores ni rellenos. Estamos en esa etapa donde los nombres van y vienen como por ejemplo, que si Luis Fernando Muriel vuelve a casa para cumplir el sueño de muchos, o si Baldomero Perlaza de verdad suena para Junior.
La película se complica con los enredos por Jannenson Sarmiento y su representante, el interés desde Brasil por José Enamorado y las renovaciones a ciertos jugadores como Didier Moreno.
Lo que viene no es solo cuestión de nombres, sino de sostener una estructura para fortalecerse con los compromisos del año próximo en donde a nivel internacional con el bombo definido de la Libertadores nos ubica frente a un panorama complejo con muy seguramente rivales de peso que obligan a armar un plantel de acero para no desentonar en la fase de grupos.

