En enero la ciudad de Barranquilla no solo vive de la brisa cálida y la luna del rio del gran malecón, sino de la pasión por el deporte. En esta semana solo se respira béisbol y fútbol, en donde las dos instituciones más representativas, el Junior de Barranquilla en la Superliga de fútbol y los Caimanes en la gran final del béisbol colombiano, luchan por sumar sus respectivos títulos a las vitrinas. Pero más allá de los sueños de gloria hay una pregunta urgente: ¿estamos preparados como ciudad para soportar la logística que estos retos nos demandan?
Barranquilla se proyecta con fuerza a nivel internacional este año; el calendario de nuestra ciudad es dinámico para atraer turismo y actividades de alto impacto económico, como la final de la Copa Sudamericana 2026 prevista en el Metropolitano, fortaleciendo la imagen de ‘la puerta de oro de Colombia’ como anfitriona de grandes encuentros, pero también expone la necesidad de respuestas eficientes en transporte, seguridad, movilidad y gestión urbana.
Ir a un estadio es en esencia, encontrarse con un amigo, con el desconocido que abrazas tras un jonrón o un gol de último minuto; es ver a una ciudad que alienta unida por gritar campeones en ambos deportes, pero, más allá del júbilo y el orgullo, todo evento deportivo de gran magnitud obliga a la ciudad a tener un transporte público que funcione sin colapsar, movilidad inteligente en zonas de alto tránsito, seguridad efectiva en las zonas aledañas al recinto deportivo, y equipo logístico que no colapse saturando la entrada con aficionados desesperados con el partido en marcha.
Con el anuncio de refuerzos de lujo como el «Pitbull» Harold Ramírez y Gustavo Campero, la novena currambera de Caimanes busca reafirmar su hegemonía ante unos Tigres de Cartagena que no darán tregua. La expectativa es total, donde la boletería ya vuela y el fixture de la serie final promete un estadio a reventar el martes y miércoles. De ser necesario los mismos días de la próxima semana también recibiría público el coloso de la avenida La María.
A pocos kilómetros, unos 8,5 km, aproximadamente, en el Roberto Meléndez, el Junior de Barranquilla jugará el jueves ante Independiente Santa Fe por la ida de la superliga con una nómina que genera expectativa.
No basta con tener los mejores escenarios; el desafío está en la gestión del flujo de miles de aficionados, la prevención de incidentes y la garantía de que el espectáculo sea impecable a la entrada y salida de ambos estadios.
La ciudad estará ante un examen logístico que evaluaremos los que vamos a ambos estadios, por lo tanto, que ruede la pecosa y que suene el madero, pero que la logística esté a la altura de nuestra pasión.

