El equipo rojiblanco parece no tocar fondo aún, está sin brújula táctica y con la carencia del temperamento en los momentos cumbre.
El entorno de Junior de Barranquilla transita hoy en esa delgada línea donde el orgullo del pasado reciente choca de frente con la crudeza del presente.
Otra noche más sin ganar, un empate amargo frente a un Independiente Santa Fe alternativo, y esto no es simplemente otro traspié estadístico, es una ratificación de un equipo que parece no tocar fondo aún, sin brújula táctica y con la carencia del temperamento en los momentos cumbre.
Desde el 2 de junio hasta hoy 31 de agosto van exactamente 90 días sin ganar de parte de Junior, en el presente semestre son siete partidos sin conocer la victoria —sumando la eliminación prematura en Copa Colombia frente al Barranquilla FC y este arranque desabrido en la Liga BetPlay— constituyen una cifra alarmante para el vigente bicampeón, que no juega como tal.
Hago la pregunta: ¿dónde quedó la versión colectiva que se fajó en las finales y alzó las copas? Es que solamente alcanza la “gasolina futbolística” durante la etapa final de cada semestre al parecer.
Es cierto que el trámite del partido estuvo viciado desde muy temprano por la injusticia arbitral de la entrada desmedida de Murillo sobre Bryan Castrillón —que dejó al jugador nuestro fuera del juego y con el tobillo seriamente afectado— merecía una tarjeta roja incuestionable pero bueno así es nuestro fútbol colombiano. Sin embargo, escudarse únicamente en el juzgamiento sería una miopía conceptual y no se pueden olvidar las reiteradas falencias de este equipo.
Una genialidad individual de Muriel hacia encender la ilusión que se podía ganar bastando una pincelada de jerarquía, un recurso de crack que parecía romper el maleficio, pero este equipo se termina por desmoronar tras cualquier esfuerzo, con la fragilidad defensiva en el juego aéreo y la desatención en el epílogo amargó otra noche en el Romelio.
Una rueda de prensa debe ser el espacio de temple, balance y contención estratégica; no obstante, la reacción del director técnico Alfredo Arias al abandonar la sala tras ser cuestionado por su continuidad dejó en evidencia la marejada emocional que atraviesa el cuerpo técnico. Recordar los dos títulos obtenidos es válido y justo dentro del balance global de su gestión, pero el fútbol vive del presente. La molestia y la posterior retirada prematura del entrenador uruguayo solo alimentan la incertidumbre y el descontento de la hinchada.
En Barranquilla el crédito no es infinito y el escudo de Junior exige respuestas inmediatas, no discursos ni excusas.
¿A dónde vamos a parar si se sigue dilapidando la ventaja en los minutos finales? ¿A dónde vamos a parar si la respuesta ante la presión mediática es el portazo y no la solución táctica? La Liga apenas avanza, pero el margen de error se agotó. Es momento de que cuerpo técnico y futbolistas asuman el peso de la camiseta que representan, restauren la concentración defensiva y devuelvan el carácter competitivo a un equipo que hoy, lamentablemente, camina a la deriva.












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