En el sutil estilo de los estadounidenses, Washington ha sido testigo del nacimiento de una nueva era para el fútbol impuesto por Infantino. El sorteo de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la primera edición con 48 selecciones, no fue solo una ceremonia de extracción de balotas, fue el trazado oficial de la ruta que llevará a una nación a la gloria, bajo un formato que, inevitablemente, reescribe la propia dinámica del torneo con una exorbitante cantidad de 104 partidos en el verano del año próximo.
La ampliación a 12 grupos de cuatro equipos y la consecuente inclusión de una ronda de dieciseisavos de final, a la que clasificarán los dos mejores de cada zona más los ocho mejores terceros, reduce drásticamente el margen de error y la presión del drama inmediato en la fase de grupos. Ahora, los «favoritos» tienen una red de seguridad más ancha, mientras que las sorpresas gozan de una ventana de oportunidad inédita, desplazando el foco de la supervivencia en grupos «de la muerte» a una estrategia de gestión de la carga física y el rendimiento a lo largo de un calendario extendido.
La principal medida estratégica de la FIFA fue la separación quirúrgica de las cuatro potencias mejor clasificadas (Argentina, España, Francia e Inglaterra) en el cuadro, asegurando que, si ganan sus respectivos grupos, no se cruzarán antes de las semifinales. Este movimiento, si bien legítimo para proteger el espectáculo, subraya la voluntad de la organización de preservar los grandes duelos para las instancias finales. Aun así, la fortuna del sorteo ha generado duelos de alto voltaje que garantizan intensidad desde el inicio.
Contados con las manos son los partidos que prometen en esta fase de grupos como Francia vs Noruega, España vs Uruguay, Portugal vs Colombia, Alemania vs Ecuador, Brasil vs Marruecos e Inglaterra vs Croacia.
No obstante, la historia aún no está completa; el sorteo nos recuerda que seis plazas permanecen abiertas, sujetas a las dramáticas repescas que se disputarán en marzo de 2026, manteniendo la incertidumbre sobre la composición final de los grupos. Si el mundial ha tenido modificaciones en calendarios y en cupos, debe existir la posibilidad que estos repechajes se jueguen antes de los sorteos y evitar la expectativa innecesaria.
Lejos de ser vista como una simple evolución deportiva, la expansión a 48 equipos puede verse como una estrategia eminentemente política, un “regalo” electoral disfrazado de inclusividad. Al asegurar más cupos y, por ende, mayores ingresos y relevancia para confederaciones tradicionalmente marginadas, especialmente las de Asia y África, Infantino solidifica de manera contundente la base de votos crucial necesaria para cimentar su poder y asegurar la reelección para su tercer mandato al frente de la FIFA para el año 2027, tal y como funcionó para su reelección en 2023.
Por suerte, un presidente de la FIFA puede ser elegido por un máximo de tres mandatos de cuatro años cada uno, lo que limita su período total a 12 años, según una reforma aprobada en 2016 para limitar el poder y la reelección, evitando que se atornillen en el poder como Blatter o Havelange.
A pesar de la sombra persistente de la política, como ha permito Infantino con Trump superando con creces los limites de la cortesía protocolaria, el sorteo ha cumplido su función ineludible y la ruta hacia la final está trazada esperando que ruede el balón el jueves 11 de junio de 2026.

