En el fútbol, no hay duda que es un juego de estados de ánimo y de gestión de recursos; deporte que permite al que pega primero, pegar dos y hasta tres veces al arco para exhibir jerarquía, sin cartelera titular con los nombres de siempre.
El mismo día en que se cumplió 10 años de la partida del gran Edgar Perea, es inevitable recordar su frase “al pan, pan, y al vino, vino”, porque cuando se le presta atención y se trae a colación con el partido de Junior, entendemos que el gol tempranero de Castrillón no solo abrió el marcador, abrió el escenario para que el equipo jugará con otra calma, con otra inteligencia. A partir de ahí, el partido dejó de ser una obligación y pasó a ser una administración.
Junior no se desesperó, no se desordenó, no entró en ese juego de ida y vuelta que tantas veces lo complica. Fue un equipo que entendió el contexto, que manejó los tiempos y que golpeó cuando debía. Sin apuros, sin excesos.
La gran señal en el estadio Cincuentenario fue la respuesta de la nómina alterna, donde solo Daniel Rivera repetía titular tras el duelo ante Palmeiras; este equipo de Alfredo Arias mostró un ‘hambre’ de jugar.
Las rotaciones, lejos de debilitar, le dieron aire. Hubo piernas frescas, intensidad en las bandas y una respuesta colectiva que pocas veces se había visto en este semestre. No fue un equipo brillante todo el tiempo, pero sí fue un equipo coherente, que sostuvo una idea durante los 90 minutos y sobre todo demostraron la valentía necesaria para mantener el arco en cero.
En ese contexto, lo de Carlos Bacca tiene un valor especial. No fue el más participativo, es cierto, Junior no juega demasiado por dentro y eso lo aisló por momentos. Pero el porteño vive de otra cosa, de estar donde tiene que estar, y cuando le quedó, no perdonó. Después de tanto tiempo, volvió a marcar, lo que para un delantero de su clase significa un punto de inflexión emocional, volverse a sentir importante para aportar un poco más de los goles que le quedan.
Con 28 puntos y la clasificación a tiro, Junior no solo viaja a Paraguay con el pecho inflado, sino con la certeza de que tiene un grupo comprometido.
Está bien, este triunfo no borra los detalles pendientes a corregir de partidos anteriores ni garantiza nada hacia adelante, pero sí deja una sensación distinta, como ocurrió el miércoles en la Libertadores, ya eso es buen síntoma.












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