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Lo que debería ser una crisis deportiva subsanable se ha transformado en un escenario de terror y asfixia institucional para el Deportivo Pereira. El conjunto ‘Matecaña’ no solo lucha contra el fantasma del descenso, sino contra una ola de violencia que ha traspasado límites éticos y humanos en este inicio de 2026.
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La violencia toca fondo en el Deportivo Pereira: amenazas y un menor involucrado
La situación alcanzó su punto más crítico tras la denuncia oficial del club sobre amenazas de muerte contra sus directivos. Lo que ha generado repudio nacional es que estas intimidaciones, presuntamente provenientes de sectores radicales de la barra brava Lobo Sur, han involucrado incluso a un niño de apenas cuatro años.
Ante esto, el club emitió un comunicado cargado de sentimiento y firmeza dirigido a la barra en mención. La institución recordó que el amor por los colores no justifica ‘dinamitar la casa’ ni deshumanizar a quienes trabajan en ella.
El mensaje fue claro: al directivo se le exige y al jugador se le cuestiona, pero la violencia es innegociable.
Igualmente, se instó a los líderes de la barra a marcar una distancia real de los violentos para proteger la grandeza del equipo.

Desde fines de 2025, un equipo herido desde sus cimientos
Para entender este caos, hay que mirar un poco hacia atrás. Desde finales de 2025, el Pereira arrastra una herida profunda. El Ministerio del Deporte llegó a suspender al equipo por impagos salariales superiores a dos meses.
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Esa inestabilidad provocó renuncias masivas y una incapacidad crónica para fichar refuerzos de peso, dejando una plantilla ‘remendada’ que hoy paga las consecuencias.
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En el terreno de juego, las cifras son desoladoras. Tras 10 fechas disputadas, el equipo no ha sumado una sola victoria, se hunde en el último lugar de la tabla de posiciones; está prácticamente sentenciado a ver los playoffs por televisión, y comienza a ser acechado seriamente por el promedio del descenso, lo que pone en riesgo su permanencia en la máxima categoría.
Con negociaciones de fichajes que se cayeron a última hora y un ambiente interno cargado de miedo, el cuadro de Risaralda intenta terminar este primer semestre con dignidad. El reto no es solo ganar un partido, sino rescatar la humanidad de una institución que parece estarse desmoronando desde adentro.













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