El fútbol, en su esencia más pura, es un deporte de mitologías con hazañas. Hay estadios que parecen catedrales y camisetas que, por su peso, suelen intimidar al más valiente, pero siempre hay excepciones…
El duelo entre el Bayern Múnich y el Real Madrid fue una auténtica oda al fútbol de élite, una batalla de 180 minutos donde la jerarquía europea se puso a prueba en cada jugada.
Hoy en un juego de ida y vuelta, de toma y dame, que al principio parecía notarse que los goles llegaron por jugadas en las que los arqueros de ambos equipos tenían implicación, se presentía que más allá de las nóminas, la diferencia se marcaría en individualidades.
Con global igualado, vimos la capacidad de desequilibrio individual, donde la figura de Luis Díaz se agigantó para cambiar el curso de la historia. Hay que tener lo que sabemos para hacerlo ante el más ganador de la competición.
Un Real Madrid que buscaba desesperadamente una de sus épicas remontadas, el despliegue físico y la lucidez técnica del colombiano terminaron con sus posibilidades, bajó de un golazo al equipo español de cualquier posibilidad de título esta temporada.
Su gol sobre el final inyectó al Bayern la confianza necesaria para derribar al ‘Rey de Europa’ y sellar un pase a semifinales, pero más allá del resultado y del espectáculo futbolísticos que brindaron ambos clubes, nos quedará en el recuerdo la actuación del guajiro.












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