La idiosincrasia de este club ha enseñado que al sufrimiento se le pasa la página, en nuestro fútbol colombiano sí alcanza y se puede ser campeón.
El fútbol, como la vida misma, no da tiempo para los lamentos prolongados. La eliminación de la Copa Libertadores es un golpe de realidad duro, que significa tambien el fin de una tormentosa participación internacional que deja claro que el nivel futbolisticos de Junior está lleno más dudas que certezas y que, por momentos, pareció un laberinto sin salida para el equipo tiburón que intentó con alineaciones peculiares y nada.
Si algo ha enseñado la idiosincrasia de este club, es que al sufrimiento se le pasa la página, porque en nuestro fútbol colombiano sí alcanza y se puede ser campeón porque se obtiene resultados justos para lograrlo.
Pasar la página no significa olvidar los errores. Sería irresponsable ignorar las ventajas otorgadas en defensa, la falta de efectividad en momentos clave o la evidente distancia jerárquica que a veces nos separa de los clubes del continente.
Junior tiene una cualidad casi camaleónica con la capacidad de reinvención inmediata. Cuando parece que el agua le llega al cuello, el equipo encuentra la forma de salir a flote, de sacudirse el polvo y volver a meterse en la pelea de lo que verdaderamente sostiene la historia y es el torneo local.
La exigencia en Barranquilla no disminuye porque se haya cerrado una puerta internacional, en donde no hubo el milagro para la transferencia a Sudamericana; al contrario, la presión se traslada con el doble de fuerza hacia la Liga, sobretodo con el rival que se tiene al frente.
La final de liga exiige cambiar el chip de inmediato y recordar que, a nivel doméstico, la jerarquía de la camiseta rojiblanca sigue pesando, por algo es el Junior de las finales aunque este semestre no tenga las mismas sensaciones como aquel diciembre.
Junior siempre aparece cuando ya muchos lo dan por muerto. A pasar la página, que el fútbol continúa.












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