El ‘Tiburón’ es un equipo de ráfagas, de chispazos, de momentos, capaz de lo mejor en un tiempo y lo peor en un mismo periodo o en un cuarto de hora.
Junior clasificó segundo, sí. Sumó 35 puntos de 57 posibles, cierto. Se reconoce el equipo que en el segundo tiempo tras las variantes logró ese 4-3 contra Pasto. Terminó una fase de ‘todos contra todos’ aun intentando entender cómo un equipo que aspira al bicampeonato puede ser tan irregular y que le pueda alcanzar.
Este Junior es un equipo de ráfagas, de chispazos, de momentos, capaz de lo mejor en un tiempo y lo peor en un mismo periodo de tiempo o en un cuarto de hora.
Mientras Muriel alcanza su plenitud física que sustente su aporte más allá de los números de goles, de un Teo que no necesita mucho tiempo para que el juego se desarrolle a su ritmo y otros que del medio campo hacia arriba van carburando, la defensa sigue generando dudas; lo que no se corrigió en 4 meses, no se hará en el último mes del semestre.
Lo que viene es el Once Caldas, un rival que no perdona las distracciones que Junior suele permitirse. La fe de Arias en repetir el título es respetable y necesaria, pero esa fe debe ir acompañada de un plan que no dependa únicamente de que sus individualidades se levanten inspiradas.
La serie empezará en Manizales y cerrará en Barranquilla, una ventaja que sirve, siempre y cuando llegue viva. Que no valga en vano terminar las 19 fechas como el mejor visitante.
Junior tiene nómina con nombres, tiene variantes y tiene la actitud cuando se quiere ganar. Lo que debe encontrar es regularidad y solidez futbolística en estas fases finales en que se normaliza desde el corazón ese ‘cambio de chip’, aunque la razón diga que con el desayuno se sabe cómo viene el almuerzo.













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