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Junior, ¡ponte pálido! | Por Víctor De La Hoz

El ‘Tiburón’ juega por chispazos como un equipo grande, y por otros momentos, como un conjunto dubitativo, vulnerable y caótico.

A propósito de la reciente conmemoración del Día del Idioma, vale la pena acudir a una expresión profundamente arraigada a nuestra jerga barranquillera, una frase que cae como anillo al dedo para este Junior 2026: ¡ponte pálido!

Hay empates que suman y también hay igualdades que duelen más que una derrota, queda uno con una sensación amarga, de oportunidad desperdiciada, de jerarquía intermitente, de equipo que insinúa mucho más de lo que termina concretando.

Era el partido ideal para apropiarse de la segunda posición y llegar fortalecido y con aire en la camiseta al partido que si o si se debe ganar en tierras peruanas, pero otra vez apareció la vieja enfermedad rojiblanca de la incapacidad de sostener lo bueno que produce.

Junior juega por chispazos como un equipo grande, como el verdadero campeón de Colombia y por otros momentos, como un conjunto dubitativo, vulnerable y caótico.

Este plantel tiene calidad de sobra para dominar partidos como el de Cúcuta, pero le cuesta administrar ventajas, leer los momentos emocionales de los encuentros y, sobre todo, imponer una identidad futbolística estable.

El martes, en la Copa no alcanza con destellos, en esa competición no se juega al mediocre nivel de nuestro fútbol, allá la palidez en la cancha se paga caro.

Junior no necesita reinventarse, profe, porque tiempo ya no hay; necesita encontrarse con la materia prima, porque el talento está y la obligación también, solo que la paciencia, como suele ocurrir en el fútbol, nunca es infinita.

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