En el ejercicio del periodismo deportivo, solemos enfocarnos en analizar el partido, la lectura de juego de los volantes, ver los errores defensivos, la efectividad del ataque o debatir el rendimiento de los jugadores; sin embargo, deben existir las ocasiones donde se puede ceder el espacio al trabajo habitual y ser más humanos, empáticos, y lo que muchas veces cuesta: ser agradecidos.
El minuto ochenta y tres del encuentro de anoche quedará grabado en las páginas gloriosas del club y no se exagera porque no todos llegan a esos números. Tras una jugada colectiva que incluyó la visión de Chará, el manejo de Canchimbo y un taco magistral de Guillermo Paiva para que Teo apareciera a definir contundentemente la pelota y marcar su gol número 100 con la camiseta rojiblanca.
Con la victoria ante Jaguares en Montería, más allá de los tres puntos, el funcionamiento colectivo y algunos detalles a trabajar en lo defensivo, este espacio se transforma en un mensaje de aliento y un ”gracias“ rotundo para el ídolo de muchos: Teófilo Antonio Gutiérrez Roncancio.
Hay una frase tan cierta como es que ”los jugadores pasan, las instituciones quedan“, pero también es justo pensar en que hay futbolistas que juegan y hay otros que sienten más allá de juego, como pasa con Teo, a quien se le envía fuerza en un momento difícil y se le agradece por su amor a estos colores del Junior de Barranquilla, por su sentido de pertenencia, por las alegrías que le regala a la hinchada incluso cuando, por dentro, tal vez no esté en su mejor día.
No me imagino como su abuelo habrá gritado ese primer gol con la camiseta rojiblanca aquel 2 de septiembre de 2007, la alegría en la asistencia en el gol de Alfredo Padilla para salvarse del descenso, el orgullo en la presentación de 2017 ante un metropolitano abarrotado, su gol crucial contra Santa Fe en la semifinal de vuelta de la Copa Sudamericana y no dudo que ayer, desde el palco más alto del cielo, habrá celebrado una anotación más de su nieto.
Cien goles después, la historia del nacido en el barrio La Chinita con el Junior no se mide en estadísticas, sino en identidad. Teo es barrio, es carácter y es competencia pura. A sus 40 años, sigue siendo el futbolista barranquillero en esencia: con garra, con picante y con ese ‘perfume’ que deleita a muchos y que otros les cuesta tolerar.
El equipo sumó tres puntos, considerados alegría en medio del dolor, pero sentimientos con resiliencia de la leyenda viva. Gracias, Teo, por seguir perfumando la cancha incluso cuando el corazón llora. Su entrega es la definición más pura de lo que significa ser un ídolo.












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