El club rojiblanco fue un conjunto que sacó provecho del talento individual y de los momentos en los que mostró una estructura colectiva y repitió el título.
Profesor Alfredo Arias, usted, lo volvió a hacer. Condujo a Junior a un nuevo título del fútbol colombiano, cumplió con lo que en reiteradas ocasiones expresaba en rueda de prensa: salir bicampeón.
Fue un semestre que no resultó fácil para el equipo. Con problemas defensivos en múltiples partidos, jugadores lesionados, otros a los que les costaba alcanzar y mantener un buen nivel partido tras partido, y la irregularidad de buscar la nómina titular —ya fuera con dos o tres centrales—, sumado al manejo del camerino y la eliminación de la Copa Libertadores, el entrenador uruguayo, junto a esos mismos jugadores que tantas veces fueron blanco de críticas, hoy celebran ser campeones de Colombia.
En Barranquilla, Junior golpeó con autoridad y firmó un contundente 3-0 que cambió por completo la serie. En Medellín manejó la situación y jamás perdió el control emocional de una final que ya había comenzado a ganar desde la ida. Los campeones no siempre son los que juegan más bonito todos los minutos del partido; muchas veces son los que entienden mejor cómo competir. Por algo las finales se ganan, no se juegan.
Este equipo aprendió cuándo atacar y cuándo defender en estos play-offs. Fue un conjunto que sacó provecho del talento individual y de los momentos en los que mostró una estructura colectiva; con todo esto se alcanzó a repetir el título.
Las caravanas, las banderas, los abrazos y los recuerdos de la noche del 9 de junio de 2026 quedarán para siempre en esas escenas que explican por qué el fútbol tiene un lugar tan importante en la vida de una ciudad que hoy amaneció, otra vez, vestida de rojo y blanco mientras muchas partes del país siguen con la amargura.
Y sí, profe Arias, vaya por el tricampeonato…













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