Disfruten del momento con la madurez de entender que este 4-0 es un gran paso e invita a la esperanza pero que requiere, ante todo, pies sobre la tierra.
El 4-0 de Colombia sobre Argentina en la final Sub-17 del Sudamericano Sub-17 no se va a dejar pasa desapercibido. Un resultado que sacude, que tiene a algunos hinchas ilusionados por la pasión que se mueve en un año mundialista y que, inevitablemente, se entiende cuando se cambia el tono del país, porque hoy no se dice el clásico “gracias, guerreros”, hoy suena más fuerte el “gracias, campeones”; por peculiar que parezca una selección Colombia sale campeona en estos tiempos y con resultados contundentes frente a las dos naciones mas grandes de este continente.
El fútbol juvenil suele ser traicionero en sus mensajes. Eleva rápido, pero también exige madurez temprana. Este ‘cuarto de hora’ que brinda a la selección ser la campeona del Sudamericano hay que saberlo aprovechar sin distorsionar la realidad.
Ni la goleada convierte a esta generación en invencible, ni un eventual tropiezo debería derrumbar lo construido. En esa línea, es clave entender que el crecimiento no es lineal y que competir también implica saber perder sin borrar lo avanzado.
Tampoco conviene caer en la narrativa de las ‘revanchas históricas’. Este triunfo no salda cuentas pendientes con la selección mayor ni compensa derrotas recientes en otras categorías. Cada proceso tiene su propio contexto, sus tiempos y sus protagonistas. Mezclarlo todo solo alimenta expectativas desmedidas que poco ayudan al desarrollo real de los jugadores.
Este grupo tiene ahora algo más complejo, es válido celebrar hoy, mañana y hasta la otra semana si se quiere, teniendo claro que este mismo año es el mundial de esa categoría y ahí el equipo debe seguir en la tónica sin dejarla caer y administrando el reconocimiento, para que no se sufra de complejos.
Colombia no puede caer en la tentación o en el juego de creerse a la altura histórica de potencias como Brasil, Argentina o Uruguay, selecciones que llevan décadas construyendo procesos sólidos. La ventaja de ellos no está solo en los títulos, sino en la continuidad. Por eso, más que imitar, el camino parece ser otro; construir una identidad propia, asumir esta victoria como un paso dentro de un proyecto y no como un titulo esporádico para que esa dichosa frase se mande a guardar, se cambie el discurso y no sea usada en tono burlesco; si se vuelve a perder, no desconocer que también es parte del fútbol.
Compatriotas, disfruten del momento con la madurez de entender que este 4-0 es un gran paso, un destello que invita a la esperanza pero que requiere, ante todo, pies sobre la tierra, porque en el fútbol, como en la vida, ganar es importante, pero saber qué hacer después de ganar lo es aún más.












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