El ‘Tiburón’ encontró la manera de mantenerse vivo. No luce dominante y no enamora futbolísticamente, pero resiste, como lo hizo ante Once Caldas.
Para el seguidor o hincha de Junior, la calma es un estado desconocido. Existe una especie de contrato no escrito que dicta que para llegar al éxito se debe pasar, obligatoriamente, por el umbral del padecimiento.
Para el ‘Tiburón’, la tranquilidad es un lujo que no tiene como costumbre y la cual le cuesta experimentar en estas fases finales de liga. ´Si no se sufre, no es Junior´, esa sentencia, que ha acompañado las gestas más gloriosas del club, volvió a cobrar vigencia absoluta anoche frente a Once Caldas, colocando a prueba, una vez más, la resistencia cardiovascular de toda su hinchada.
La serie tuvo dos caras. En Manizales apareció un Junior que sorprendió al cambiar en solo tres días tras el juego de copa, vimos un equipo práctico, estratégico, ordenado por momentos y capaz de sacar ventaja en una plaza históricamente incómoda. Ganó 1-0 y parecía reafirmar esa versión competente de sacar los resultados de visita como lo fue en el ´todos contra todos; sin embargo, en Barranquilla la historia fue otra, una montaña rusa de emociones que solo se detuvo con el pitazo final.
Anoche, fue un equipo que supo aguantar los embates de un rival y que, cuando las fuerzas físicas y el orden táctico parecieron flaquear, sobre todo en la parte final donde Junior no podía tener el balón y despejaba sin sentido, encontró en su guardameta uruguayo el pase directo a la semifinal.
Que afortunados somos de tener siempre a un arquero rioplatense que aparece cuando el equipo más los necesita.
Las intervenciones providenciales de Silveira transformaron un partido de alta tensión en una noche de consagración personal, ese penal quedará allí en temas de conversaciones cuando se hable de los momentos en que se sufrió para conseguir una alegría.
Junior encontró la manera de mantenerse vivo. No luce dominante y no enamora futbolísticamente, pero resiste. En el fútbol colombiano, muchas veces los torneos no los gana el equipo que mejor juega, sino el que logra sacar esos resultados sobreviviendo emocional y futbolísticamente.
Hoy están en semifinales tras saber resistir en la tormenta para salir fortalecidos, avanzando paso a paso hacia ese sueño del bicampeonato, una meta que el plantel ha trazado como su único e innegociable destino.












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