Fue un libreto repetido en cada jornada, desatención en las marcas, descuidos en zona defensiva, posesión sin profundidad e intentos aislados.
Con apenas un punto sumado de doce posibles, Junior se ganó a pulso la deshonra de ser eliminado de manera temprana en la fase de grupos de libertadores. Ojalá hoy sientan vergüenza sus jugadores y cuerpo técnico, que no solo se queden en esas autocriticas superficiales postpartido.
Una frase de cancha en la Argentina, la cual dice “pobre del que quiera robarnos la ilusión”, la recordé al pensar en muchos hinchas de Junior que con el resultado de la primera fecha ante Palmeiras, creyeron en las posibilidades de hacer un buen papel este año, no los juzgo, el equipo que antes de ese juego venia con un desequilibrio y errores que cualquiera ha podido vaticinar esta eliminación, sorprendió en Cartagena, pero solo fue un espejismo, un chispazo, de unos momentos en donde se pudo hacer un buen partido.
Los que robaron toda ilusión al hincha fue el mismo club, quienes desde comienzo de año no se prepararon como es debido, Junior hizo fichajes, sí, son contrataciones, rimbombantes como se acostumbra, pero no han sido refuerzos que ayuden al desarrollo de un proyecto deportivo que sea ambicioso, del cual dudo que exista.
Un equipo que no planificó una pretemporada como es debida, con jugadores que al paso de 5 meses siguen sin un buen fondo físico, suplentes que no compiten cuando se les da minutos por una posición en la titular, una defensa con desatenciones en cada partido y con nomina corta en esa zona.
A lo anterior, sumémosle, esas ideas o inventos del entrenador que trataba desde su cabeza darle un sentido a un equipo anémico al gol en esta copa y que no tiene sabana para atender la zona ofensiva porque descuida abajo. Intentó con línea de 5 reiteradamente, con Teo solo en punta sin extremos que se le asociaran en el juego en Paraguay, jugando con todos sus ´9´ de área anoche y tampoco, nada le funciona.
Fue un libreto repetido en cada jornada, desatención en las marcas, descuidos en zona defensiva, posesión sin profundidad, intentos aislados y una preocupante incapacidad para convertir opciones en peligro real. A este Junior le cuesta generar, pero más le cuesta rematar.
Este no era un equipo para participar, era para pelear, y terminó siendo un equipo que no pudo resistir a llegar con posibilidades a la última fecha cuando juegue en Brasil.
Consumado el fracaso internacional, en la interna de Junior de Barranquilla, buscarán con ese fútbol irregular, activar de inmediato el viejo mecanismo de defensa, refugiarse en la Liga local y convertir la búsqueda del bicampeonato en el único bálsamo capaz de aliviar la decepción de la copa.
Hincha rojiblanco no olvide el papelón continental. Si al equipo le alcanza y termina siendo campeón de liga, no se quede solo con la compensación en forma de estrella, porque el otro año puede continuar el bucle. Es, en esencia, la narrativa recurrente de Junior, seguir con la deuda internacional, y compensando con el torneo doméstico para celebrar en Barranquilla.













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